Sobre las apariciones en Fátima

 

Como preparación a las apariciones de Nuestra Señora, un ángel quien se identificó como el “Ángel de Portugal”, le habló en primer lugar a los niños diciéndoles: “No temáis. Yo soy el ángel de la Paz. Rezad conmigo”.

 

Ciclo Angélico
Apariciones del Ángel
en el año 1916

Primera aparición del Ángel

Lugar: Loca do Cabeço, Pregonero en los Valinhos
Fecha: Primavera de 1916

«– ¡No temáis! Soy el Ángel de la Paz. Orad conmigo.

Y arrodillándose en la tierra, dobló la frente hasta el suelo. Llevados por un movimiento sobrenatural, lo imitamos y repetimos las palabras que le oíamos pronunciar:– Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Os pido perdón por los que no creen,

no adoran, no esperan  y no te aman.

Después de repetir esto tres veces, se levanta y dice:
– Orad así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de vuestras súplicas»

Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 169 (IV Memória).

Cf. também Memórias da Irmã Lúcia I, p. 77-78 (II Memória).

Segunda aparición del Ángel

Lugar: Quintal de la casa de Lucía, al lado del Pozo do Arneiro

Fecha: Verano de 1916

«– ¿Qué hacéis? ¡Orad! ¡Orad mucho! Los corazones de Jesús y María tiene sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios.
– ¿Cómo nos tenemos que sacrificar? – pregunté.
– De todo lo que puedas, ofrece un sacrificio en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores. Atrae, así, la paz sobre tu Patria. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envía».

Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010 p. 170 (IV Memória)

Tercera aparición del Ángel

Lugar: Loca do Cabeço,

Fecha: Otoño de 1916

«[…] trayendo en la mano un cáliz y sobre él una Hostia, de la cual cayeron, dentro del cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la Hostia suspendidos en el aire, se postró por tierra y repitió tres veces la oración:
– Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que Él es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.
Después, levantándose, tomó de nuevo el cáliz y la Hostia y me dio la Hostia a mí y lo que contenía el cáliz se lo dio a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo:
– Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.
De nuevo se postró por tierra y repitió con nosotros tres veces más la misma oración:
– Santísima Trinidad… etc.»

Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 170-171 (IV Memória).

Ciclo Mariano: Apariciones de Nuestra Señora en el año 1917

Primera aparición de Nuestra Señora

Lugar: Cova da Iria.

Fecha: 13 de Mayo de 1917

«– ¡No tengáis miedo! ¡Yo no os voy a hacer daño!
– ¿De dónde es usted? – le pregunté.
– Soy del Cielo.
– ¿Y qué es lo que usted quiere de mí?
– Vine a pediros que vengáis aquí, seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora.                    Después diré quién soy  y lo que quiero. Después volveré aquí una séptima vez.
– ¿Usted me sabe decir si la guerra aún durará mucho tiempo o se acabará en breve?
– No te lo puedo decir aún, mientras no te diga también lo que quiero.
– ¿Y yo también voy a ir al Cielo?
– Sí, irás.
– ¿Y Jacinta?
– También.
– ¿Y Francisco?
– También, pero tiene que rezar muchos rosarios.
– ¿Y María das Neves ya está en el Cielo?
– Sí, está.
– ¿Y Amélia?
– Estará en el purgatorio hasta el fin del mundo.
– ¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él os quiera enviar,                      en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión                de los pecadores?
– ¡Sí, queremos!
– Vais, pues, a tener que sufrir mucho, pero la gracia de Dios será vuestro consuelo.
Fue al pronunciar estas últimas palabras (la gracia de Dios, etc.) cuando abrió por primera                  vez las manos, comunicándonos una luz tan intensa, que salía de ellas como un gran reflejo, que penetrándonos en el pecho y en lo más íntimo del alma, nos hacía ver a nosotros mismos en Dios,    que era esa luz, más claramente de lo que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces por un impulso íntimo también comunicado, caímos de rodillas y   repetíamos íntimamente:
– ¡Oh Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento!
Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora agregó:
– Recen el Rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra.»

Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 172-173 (IV Memória); a secção entre parênteses retos pertence ao interrogatório do pároco aos videntes, em 27 de maio de 1917, em Documentação Crítica de Fátima, vol. I. Fátima: Santuário de Fátima, 1992, p. 9.

Segunda aparición de Nuestra Señora

Lugar: Cova da Iria,

Fecha: 13 de Junio de 1917

Personas presentes: 50 a 60 personas

«– ¿Usted qué es lo que quiere? – pregunté.
– Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene, que recéis el rosario y que aprendan a leer. Después diré lo que quiero.
Pedí la cura para un enfermo.
– Si se convierte, se curará durante el año.
– Quería pedirle que nos llevara para el Cielo.
– Sí; Jacinta y Francisco me los llevo en breve. Pero tú quedas aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien la abrace, prometo la salvación; y serán queridas de Dios estas almas, como flores puestas por Mí adornando su Trono.
– ¿Quedo aquí solita? – pregunté, con pena.
– No, hija. ¿Y tú sufres mucho? No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios.
Fue en el momento en el que dijo estas últimas palabras cuando abrió las manos y nos comunicó, por segunda vez, el reflejo de esa luz inmensa. En ella nos veíamos como sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de esa luz que se elevaba hacia el Cielo y yo en la que se esparcía sobre la tierra. Enfrente de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora, estaba un corazón rodeado de espinas que parecían estar clavados. Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de la humanidad, que quería reparación.»

Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 175-176 (IV Memória); a secção entre parênteses retos inclui o acréscimo indicado pela Irmã Lúcia na sua carta de Tuy de 17 de dezembro de 1927: cf. Memórias da Irmã Lúcia I, p. 175, nota 14.

Tercera aparición de Nuestra Señora

Lugar: Cova da Iria

Fecha: 13 de Julio de 1917

Personas presentes: entre 4.000-5.000 ó 2.000-3.000

«– ¿Usted qué es lo quiere de mí ?
– Quiero que vengan aquí el día 13 del mes que viene, que continúen rezando el rosario todos los días, en honor de Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra, porque solo Ella os puede ayudar.
– Quería pedirle que nos dijera quién era, y que hiciera un milagro para que todos crean que usted se nos aparece.
– Continúen viniendo aquí todos los meses. En octubre diré quién soy, lo que quiero, y haré un milagro que todos podrán ver, para creer.
– Tengo aquí una petición para que usted convierta a una mujer de Pedrógão y una de Fátima y mejore a un niño de Moita.
Ella dijo que las convertiría y que el niño mejoraría  en un año.
– Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces y en especial cuando hagáis algún sacrificio: “Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María”.
Al decir estas últimas palabras, abrió de nuevo las manos, como en los dos meses anteriores.
El reflejo pareció penetrar en la tierra y vimos como un gran mar de fuego. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fueses brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían junto con nubes de humo, cayendo por todos los lados, semejante al caer de las chispas en los grandes (incendios), sin peso ni equilibrio, entre giros y gemidos de dolor y desesperanza que horrorizaba y hacía estremecer de pavor (¡debió ser al enfrentarme con esta imagen que di ese grito ahí! Dicen haberme oído). Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como carbones negros en la brasa. Asustados y como pidiendo socorro, levantamos las vista hacia Nuestra Señora, que nos dijo con bondad y tristeza:
– Visteis el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que yo os diga, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar. Pero, si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo de sus crímenes, por medio de la guerra, de hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.
Para impedirla vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora en los primeros sábados. Si atienden mis peticiones, Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas. Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal se conservará siempre el dogma de la Fe.
Después de las dos partes que ya expuse, vimos en el lado izquierdo de Nuestra Señora, un poco más alto, un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; al brillar, despedía llamas que parecían que iban a incendiar al mundo; pero se apagaban con el contacto del brillo que de la mano derecha expedía Nuestra Señora a su encuentro: el Ángel apuntando con la mano derecha hacia la tierra, con voz fuerte dijo: “¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!” Y vimos en El una luz inmensa que es Dios algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando le pasa por delante un Obispo vestido de Blanco; tuvimos el presentimiento de que era el Santo Padre.  Varios otros Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas subir una escabrosa montaña, en lo alto de la cual estaba una gran Cruz de troncos toscos como si fueran de corcho con la cáscara; el Santo Padre, antes de llegar ahí, atravesó una gran ciudad medio en ruinas, y medio tambaleante, con andar vacilante, desconsolado de dolor y pena, iba orando por las almas de los cadáveres que se encontraba por el camino; llegando a lo alto del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz, fue asesinado por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas, y así mismo fueron muriendo unos tras otros los Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y varias personas seglares, caballeros y señoras de varias clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz estaban dos Ángeles cada uno con una regadera de cristal en la mano, en ellas recogían la sangre de los mártires y con ella regaban las almas que se aproximaban a Dios.
Esto no se lo digáis a nadie. A Francisco, sí, podéis decírselo.
Cuando rezáis el rosario, decid después de cada misterio: “Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas”.
Se siguió un instante de silencio y pregunté:
– ¿Usted no quiere nada más?
– No. Hoy no quiero nada más.»

Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 176-177 (IV Memória); a secção entre parênteses retos consta do interrogatório do pároco, de 14 de julho de 1917, em Documentação Crítica de Fátima, vol. I. Fátima: Santuário de Fátima, 1992, p 13-15; a secção entre chavetas constitui a célebre terceira parte do segredo de Fátima (Memórias da Irmã Lúcia I, p. 213).

Cuarta aparición de Nuestra Señora

Lugar: Valinhos

Fecha: 19 de Agosto de 1917

Personas presentes (el día 13): entre 15.000-18.000, aunque algunos escritos hablan de apenas 5.000

«– ¿Qué es lo que usted quiere de mí?
– Quiero que continuéis yendo a Cova de Iria el día 13, que continuéis rezando el rosario todos los días. En el último mes, haré un milagro para que todos crean. Si no hubiesen hablado contigo hacia la Aldea el Milagro sería más conocido; vendría San José con el Niño Jesús para dar la paz al mundo y vendría Nuestro Señor a bendecir al pueblo, venía Nuestra Señora del Rosario con un Ángel de cada lado y Nuestra Señora con un arco de flores alrededor.
– ¿Qué es lo que usted quiere que se haga con el dinero que el pueblo deja en Cova de Iria?
– Hagan dos andas: una llévala tú con Jacinta y otras dos niñas, vestidas de blanco; la otra la lleva Francisco con tres niños. El dinero de las andas es para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario y lo que sobre es para la ayuda de una capilla que mandaré construir.
– Quería pedirle la cura de algunos enfermos.
– Sí, a algunos curaré durante el año.
Y tomando un aspecto más triste:
– Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que van muchas almas al infierno por no haber quién se sacrifique y pida por ellas.»

Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 178-179 (IV Memória); a secção entre parênteses retos consta do interrogatório do pároco, de 27 de agosto de 1917, em Documentação Crítica de Fátima, vol. I. Fátima: Santuário de Fátima, 1992, p. 17.

Quinta aparición de Nuestra Señora

Lugar: Cova da Iria,

Fecha: 13 de Septiembre de 1917

Personas presentes: entre 20.000-30.000

«– Continúen rezando el rosario a Nuestra Señora del Rosario, todos los días, [que tape ella la guerra] para alcanzar el fin de la guerra, que la guerra está acabando]. En octubre vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen, S. José con el Niño Jesús para bendecir al Mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no quiere que durmáis con la cuerda; traerla solo durante el día.
– Me han hecho muchas peticiones para que le pida muchas cosas: la cura de algunos enfermos, de un sordomudo.
– A algunos curaré, a otros no, porque Nuestro Señor no quiere creer en ellos. En octubre haré él milagro para que todos crean.
– El pueblo quiere mucho una capilla aquí.
– [De] la mitad del dinero que junten hasta hoy hagan dos andas y dónenlos a la Señora del Rosario; la otra mitad que sea para la ayuda de la capilla.
Le ofrecí dos cartas y un bote con agua de colonia.
– Me dieron esto, si usted lo quiere.
– Eso no es conveniente para llevar al Cielo.»

Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 179 (IV Memória); as secções entre parênteses retos constam do interrogatório do pároco, de 15 de setembro de 1917, em Documentação Crítica de Fátima, vol. I. Fátima: Santuário de Fátima, 1992, p. 21-22.

Sexta aparición de Nuestra Señora

Lugar: Cova da Iria,

Fecha: 13 de Octubre de 1917

Personas presentes: entre 50.000-70.000

«– ¿Qué es los que usted quiere de mí?
– Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honor, que soy la Señora del Rosario, que continúen siempre rezando el Rosario todos los días. La guerra va a acabar  y los militares volverán en breve para sus casas.
– Yo tenía muchas cosas para pedirle: si curaba a unos enfermos y si convertía a unos pecadores, etc.
– A unos sí, a otros no. Es necesario que se enmienden, que pidan perdón por sus pecados.
Y tomando un aspecto más triste:
– ¡No ofendan más a Nuestro Señor que ya está muy ofendido! Si el pueblo se enmienda, acaba la guerra y, si no se enmienda, acaba el mundo.
– ¿Aún quiere alguna cosa más?
– Ya no quiero nada más.
Y, abriendo las manos, las hizo reflejar en el Sol. Y mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectando en el Sol.
[…]
Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa distancia del firmamento, vimos, al lado del sol, a S. José con el Niño y Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul. San José con el Niño parecían bendecir al Mundo, con los gestos que hacían con la mano en forma de cruz. Poco después, desvanecida esta aparición, vi a Nuestro Señor y a Nuestra Señora que me hacía pensar que se trataba de Nuestra Señora de los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir al mundo de la misma manera que San José. Se desvaneció esta aparición y me pareció ver aún a Nuestra Señora en la forma de Nuestra Señora del Carmen.»

Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 180-181 (IV Memória); a secção entre parênteses retos consta do interrogatório do pároco, de 16 de outubro de 1917, em Documentação Crítica de Fátima, vol. I. Fátima: Santuário de Fátima, 1992, p. 24, e a secção entre chavetas do interrogatório do Dr. Formigão, em Documentação Crítica de Fátima, vol. I, p. 142.

Séptima aparición de Nuestra Señora

Lugar: Cova da Iria,

Fecha: 15 de Junio de 1921

Contexto: Víspera de la salida de Lucía hacia el asilo de Vilar

  1. José se encontró por primera vez con Lucía alrededor de 1920-1921, y la interrogó acerca de los acontecimientos. Le propuso abandonar Fátima para ir a Porto, porque allá aún no era conocida.
    Del diario de la Hermana Lucía:

«De nuevo, en Fátima, guardé inviolable mi secreto. Pero la alegría que sentí al despedirme del Señor Obispo, duró poco tiempo. Me acordaba de mis familiares, de la casa paterna, de  Cova de Iria, Cabeço, Valinhos, del pozo… y ¿ahora dejar todo, así, de una vez para siempre? ¿Para ir no sé muy bien hacia dónde…? Dije al Sr. obispo que sí, pero ahora voy a decirle que me arrepentí y que para allí no quiero ir.»

Estaba en esa lucha, cuando fui a Cova de Iria:

«Así solícita, una vez más descendiste a la tierra, y fue entonces cuando sentí Tu mano amiga y maternal tocarme en el hombro; levanté la mirada y Te vi, eras Tú, la Madre bendita dándome la mano e indicándome el camino; Tus labios apretados y el dulce timbre de tu voz restituyó la luz y la paz en mi alma: “Aquí estoy por séptima vez, sigue el camino por donde el Señor Obispo te quiere llevar, esa es la voluntad de Dios.”
Repetí entonces mi «sí», ahora bien, más consciente del que dije el día 13 de mayo de 1917 y mientras te elevabas de nuevo hacia al Cielo, como una mirada, me pasó por el espíritu toda la serie de maravillas que en aquel mismo lugar, hacía apenas cuatro años,  se me habían dado a contemplar.»

Boletim Bem-aventurados Francisco e Jacinta. Fátima: Postulação de Francisco e Jacinta Marto, janeiro-março 2006.

Ciclo Cordimariano, de 1925 a 1929

Aparición de Nuestra Señora

Lugar: en su habitación, en Pontevedra

Fecha: 10 de Diciembre de 1925

«Se le apareció la Santísima Virgen y, a su lado, suspenso en una nube, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole en el hombro la mano y mostrando, al mismo tiempo, un corazón que tenía en la otra mano, rodeado de espinas.
Al mismo tiempo, dijo el Niño:
– Ten pena del Corazón de tu Santísima Virgen que está cubierto de espinas, que los hombres ingratos en todos los momentos le clavan sin que nadie haga un acto de reparación para eliminarlos.
En seguida dijo la Santísima Virgen:
– Mira, hija mía, Mi Corazón rodeado de espinas, que los hombres ingratos a todos momentos me clavan, con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, me vienes a consolar y di que todos aquellos que durante cinco meses, el primer sábado, se confiesen, reciban la sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los 15 misterios del Rosario con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles, en la hora de la muerte, con todas las gracias necesarias para la salvación de esas almas.»

Carta da Irmã Lúcia, a partir de Tuy, datada de 17 de dezembro ele 1927, em Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 192.

Aparición del Niño Jesús

Lugar: en el patio, en Pontevedra

Fecha: 15 de Febrero de 1926

«El día 15-2-1926, volviendo yo allí [para vaciar un cubo de basura en el patio], como es costumbre, encontré a un niño que me parecía ser el mismo [que ya encontrara una vez más antes allí] y le pregunté entonces:
– ¿Has pedido al Niño Jesús a la Madre del Cielo?
El niño se vuelva hacía mí y me dice:
– ¿Y tú has dispersado, por el mundo, aquello que la Madre del Cielo te pidió?
Y, en esto, se transforma en un Niño resplandeciente. Conociendo, entonces, que era Jesús, dije:
– ¡Jesús mío! Tú bien sabes lo que mi confesor me dijo en la carta que te leí. Decía que era precioso que aquella visión se repitiese, que hubiese hechos para que fuese creída, y la madre Superiora, sola, propagar este hecho, nada podía.
– Es verdad que la Madre Superiora sola, nada puede; pero, con mi gracia, puedes todo. Y basta que tu Confesor te de licencia, y tu Superiora lo diga, para que sea creído, hasta sin saber a quién le fue revelado.
– Pero mi Confesor decía en la carta que esta devoción no hacía falta en el mundo, porque ya había muchas almas que te recibían, los primeros sábados, en honor de Nuestra Señora y de los 15 misterios del Rosario.
– Es verdad, hija mía, que muchas almas los comienzan, pero pocas los acaban; y las que los terminan, es con el fin de recibir las gracias que ahí están prometidas; y me agradan más las que hicieron los cinco con fervor y con el fin de desagraviar al Corazón de tu Madre del Cielo, que los que hagan los 15, tibios e indiferentes…
– ¡Jesús mío! Muchas almas tienen la dificultad de confesarse el sábado. ¡Si permitiese que la confesión de ocho días fuese válida!
– Sí. Pueden ser muchos más días, contando que estén en gracia en el primer sábado, cuando me reciban; y que en esa confesión anterior hayan hecho la intención de, con ella, desagraviar al Sagrado Corazón de María.
– ¡Jesús mío! ¿Y las que se olvidaran de formar esa intención?
– Me la  pueden formar después en otra confesión siguiente, aprovechando la primera ocasión que tuvieran para confesarse.}»

Carta da Irmã Lúcia a Mons. Pereira Lopes, seu confessor, em Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 193-194; versão completa em António Maria Martins, Cartas da Irmã Lúcia. 2.ª ed. Porto: Livraria Apostolado da Imprensa, 1979, p. 86.

Aparición de la Santísima Trinidad y Nuestra Señora

Lugar: en la capilla, en Tui

Fecha: 13 de Junio de 1929

«La única luz era la de la lámpara. De repente, se iluminó toda la capilla con una luz sobrenatural y sobre el altar apareció una Cruz de luz que llegaba hasta el techo.
Con una luz más clara se veía, en la parte superior de la Cruz, una cara de hombre con el cuerpo hasta la cintura, sobre el pecho una paloma también de luz, y pegado a la Cruz, el cuerpo de otro hombre. Un poco más abajo de la cintura, suspendido en el aire, se veía un cáliz y una Hostia grande, sobre la cual caían algunas gotas de sangre que corrían por los rostros del Crucificado y de una herida en el pecho.
Deslizándose por la Hostia, esas gotas caían dentro del Cáliz:
Bajo el brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora («se trataba de Nuestra Señora de Fátima con su Inmaculado Corazón … en la mano izquierda, … sin espada ni rosas, pero con una corona de espinas y llamas») con su Inmaculado Corazón en la mano…
Bajo el brazo izquierdo, unas letras grandes, como si fuesen de agua cristalina que corriesen hacia lo alto del altar, formaban estas palabras: “Gracia y Misericordia”.
Comprendí que se me estaba mostrando el misterio de la Santísima Trinidad, y recibí luces sobre este misterio que no me es permitido revelar.
Después Nuestra Señora me dijo:
– Llegó el momento en el que Dios pide al Santo Padre hacer, en unión con todos los obispos del mundo, la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, prometiendo salvarla por este medio. Son tantas las almas que la Justicia de Dios condena por pecados contra Mi cometidos, que vengo a pedir reparación: sacrifícate por esta intención y ora.
Di cuenta de esto a mi confesor, que me mandó escribir lo que Nuestro Señor quería que hiciese.
Más tarde, por medio de una comunicación íntima, Nuestro Señor me dijo, quejándose:
– ¡No quisieron atender mi petición!… Como el rey de Francia, arrepentirse y hacerlo, pero será tarde. Rusia tendrá ya propagados sus errores por el Mundo, provocando guerras, persecuciones a la Iglesia: el Santo Padre tendrá mucho que sufrir.»

Descrição da Irmã Lúcia ao Pe. José Bernardo Gonçalves, seu confessor, em Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 195-196; cf. António Maria Martins, Cartas da Irmã Lúcia. 2.ª ed. Porto: Livraria Apostolado da Imprensa, 1979, p. 77-78.

El acontecimiento de Fátima

«Gracias al corazón misericordioso de nuestro Dios, que desde las alturas nos visita como sol naciente» / Lc 1,78

Fátima sucede como una irrupción de la luz de Dios en las sombras de la Historia humana. En el amanecer del siglo XX, hace eco, en la aridez de Cova de Iria, la promesa de la misericordia, recordando a un mundo arraigado en conflictos y ansiosos de una palabra de esperanza de la buena nueva del Evangelio, la buena noticia de un encuentro prometido en la esperanza, como gracia y misericordia.

«No temáis. Soy el Ángel de la Paz. Orad conmigo.»

Es como una invitación a la confianza que inaugura el acontecimiento de Fátima. Precursor de la presencia de la luz de Dios que disipa el miedo, el Ángel se anuncia por tres veces a los videntes, en 1916, con una convocatoria a la adoración, actitud fundamental que los ha de predisponer para acoger los designios de la misericordia del Altísimo. Es esta convocatoria al silencio habitado por la presencia transbordan te del Dios Vivo la que se ve reflejada en la oración que el Ángel enseña a los tres niños: Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo.

Postrados por tierra, en adoración, los pequeños pastores comprenden que allí se inaugura una vida renovada. De la humildad de la postración de toda su existencia en adoración ha de brotar el don confiante de la fe de quien se hace discípulo, la esperanza de quien se sabe acompañado en la intimidad de la amistad con Dios, y el amor como respuesta al amor inaugural de Dios, que fructifica en el cuidado por los otros, particularmente por los que se sitúan al margen del amor, por los que «no creen, no adoran, no esperan y no aman».

Al recibir del Ángel la Eucaristía, los pastorcitos ven confirmada su vocación a una vida eucarística, a una vida hecha don a Dios por los demás. Acogiendo, por la adoración, la gracia de la amistad con Dios, son comprometidos, por el sacrificio eucarístico, con la ofrenda total de sus vidas.

¿Queréis ofreceros a Dios?»

En mayo de 1917, la Señora llena de gracia se anuncia transbordando la luz de Dios, en la cual los videntes se ven «más claramente de lo que nos vemos en el mejor de los espejos». En la experiencia mistagógica de la luz que emana de las manos de la Señora, los pequeños pastores están llenos por una presencia que se graba indeleblemente en lo más íntimo y los consagra testigos proféticos de la misericordia de Dios que, desde el fin de la historia, ilumina el enredo del drama humano.

El secreto que en Fátima se da es precisamente la revelación del misterio humano a la luz de Dios. En las imágenes que se suceden en la mirada de Jacinta, Francisco y Lucía, se ofrece la síntesis del drama difícil de la libertad humana. La visión del infierno es memorial de que la historia se abre sobre otros horizontes, más definitivos de lo que inmediato, y que Dios ansía tanto por ese encuentro escatológico en el que la persona es recuperada para el amor en cuanto aprecia su libertad. Así también, la visión de la Iglesia mártir -que, encabezada por el obispo vestido de blanco, atraviesa las ruinas de la gran ciudad, cargando su sufrimiento y su oración, para postrarse, por fin, delante de la Cruz- evoca una historia humana asfixiada en las ruinas de sus enfrentamientos y de sus egoísmos, y una Iglesia que carga esas ruinas, cual viacrucis, para entregarse finalmente a Dios en un don total, delante de la Cruz -símbolo del don del propio Dios. Esa Iglesia es semilla de otro hecho de vida lleno de gracia, a la imagen del Corazón Inmaculado de María. El corazón de aquel que se consagra a Dios es inmaculado por su misericordia y, por ella, ungido en misión. El secreto que en Fátima se da es revelación de la confianza de que, por fin, este Corazón Inmaculado lleno de gracia triunfará.

El hecho creyente del Corazón Inmaculado se ofrece como oración y como sacrificio.

La Señora del Rosario convoca insistentemente a los videntes a la oración, ese lugar de encuentro en el que se enraizará su intimidad con Dios. Los trazos concretos de la oración pedida en Fátima son los del rosario, recordado por la Señora en cada una de las seis apariciones, bajo el signo de la urgencia. En esta pedagogía humilde de la fe orante, el creyente es convocado a acoger los misterios del don mayor del Cristo en su corazón y a dejarse llamar por su amor que redime las heridas de la libertad humana. Que el rosario siga apuntando como camino para la paz es señal de que el acogimiento del Verbo llena de gracia el corazón humano, cautivo de egoísmo y de la violencia, y pacifica la historia con el coraje de los humildes.

La intimidad con Dios transforma la vida en sacrificio por los hermanos, particularmente aquellos sobre quien recae la mirada compasiva de Dios. El don de si, esto es lo que significa el sacrifico. Amado como hijo, el corazón humano se renueva a imagen del Padre y asume toda su pasión por la humanidad. Cara a los dramas del mundo, la libertad centrada en Dios se implica en sus designios de misericordia que abarcan a cada mujer, a cada hombre, en la misión reconciliadora del Hijo de reunir a todos en un solo redil (Jn 10, 16). En la gramática difícil del sacrificio, la vida es asumida con coraje en su verdad y la libertad es pulida para el don de sí.

Como que en la transparencia de este don de si por los otros, brota la invitación a la consolación del Dios de toda la consolación (2Cor 1,3). En el desconcierto de esta invitación se manifiesta la verdadera amistad con Dios. La mirada de lo íntimo de Dios encuentra su tristeza cara a los vacíos del amor de los dramas de la historia y de las libertades humanas, y se deja conmover, para luego desear consolar al propio Dios.

En el último encuentro con la Señora del Rosario, en octubre, la esperanza en la promesa del triunfo del Corazón lleno de gracia es sellado con la bendición del Cristo.

«Gracia y Misericordia.»

El acontecimiento de Fátima transborda las fronteras de Cova de Iria. La palabra conclusiva de este acontecimiento es ofrecida en Pontevedra y Tui a la vidente Lucía, entre 1925 y 1929. El Corazón Inmaculado de María, que se ofrecerá ya como «refugio y camino que conduce hasta Dios», se da, aún una vez, como regazo materno dispuesto a acoger los dramas de la historia de los hombres y de los hombres de la historia que a él se consagren y para confiarlos al Corazón misericordioso de Dios. El Corazón de la Inmaculada figura la vocación de cada mujer, de cada hombre, desde siempre soñados para la gracia. La consagración a este Corazón lleno de gracia afirma la certeza de que la vocación del hombre es la vida plena en Dios. Para ese horizonte apunta también el amago de la petición de la comunión reparadora en los primeros sábados. Esos Sabbath, días consagrados al encuentro con Dios, son imagen de una vida toda a El consagrada.

Al final, todo es «Gracia y Misericordia». El misterio de la comunión trinitaria, luz que traspasa todo el acontecimiento de Fátima, se revela, aún, para recordar que el Corazón compasivo de Dios se hace don. Que el testimonio frágil de tres niños de una aldea remota de la Sierra d’Aire promueva, hasta los confines de la tierra, el encuentro con esa luz del corazón misericordioso de Dios, es apenas señal, confirmado también en Cova de Iria, de que la historia definitiva se construyó con la fuerza de Dios operando en la disponibilidad de los humildes.

Palabras clave del Mensaje de Fátima

Adoración

En su primera aparición, el Ángel se presenta como una invitación a la adoración a Dios. De rodillas, inclinado hasta el suelo, invita a los tres niños a la adoración que transforma la fe en esperanza y amor: «Dios mío yo creo, adoro espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.» Este espíritu de adoración en la fe, que se abre en espíritu reparador en la esperanza y en el amor, está concretizada en la oración que el Ángel enseña a los pastorcitos en su última aparición: «Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y divinidad de Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.»

Fátima recuerda la centralidad de la adoración, como disposición interior que nos sitúa delante de Dios, misterio de gracia y misericordia. La gramática de la adoración es la entrega humilde de la existencia en las manos de Dios, el reconocimiento de Dios como Dios y de sí mismo como hijo amado. Y, en ese proceso, se purifica el creyente, su mirada y su hacer, a la luz del amor con el que el propio Dios lo ama.

Los pastorcitos fueron pródigos en el espíritu de adoración. Sorprende el hecho contemplativo con el que Francisco buscaba el recogimiento y el silencio para «pensar en Dios» y para consolarlo.

Corazón Inmaculado 

En la aparición de junio, la Señora presenta su Corazón Inmaculado como «el refugio y el camino que […] conducirá hasta Dios.» De nuevo, en julio, después de la visión del infierno, ella lo reafirma al proponer la consagración a su Corazón Inmaculado como medio de conversión y reparación. La devoción al Corazón Inmaculado de María se convierte, expresamente como la petición de consagración de Rusia y de todo lo que esta simboliza, expresión de la presencia de Dios que acompaña el drama de la historia de los hombres, invitando a los creyentes a otra visión de la historia, proyectada sobre la dimensión escatológica. En Pontevedra y Tui, en las visiones que cierran el acontecimiento de Fátima, la llamada a la consagración es renovada, asociándole la comunión reparadora de los primeros sábados.

En la petición de consagración al Corazón de María y de la comunión reparadora en los primeros sábados está la centralidad de Dios. Como camino que conduce a Dios, el Corazón de María es un corazón moldeado según el Corazón de Dios – «os dará pastores según mi corazón» (Jer 3,15) – y se consagrará a él significando acogerse en la voluntad de dejarse convertir por la misericordia divina. El Corazón Inmaculado es icono de los designios de misericordia que Dios tiene sobre su pueblo.

Así también los primeros sábados, ofrecidos en reparación del Corazón Inmaculado de María, evocarán en el creyente la centralidad de la misericordia de Dios y le recordarán que el corazón sin mancha transpira su presencia amorosa.

Conversión

El drama de la historia humana tocada por el pecado se presenta con una lucidez viva en el mensaje de Fátima. El drama del pecado es allí proféticamente denunciado, traducido en las visiones del infierno y de la ciudad en ruinas y en las innumerables referencias a los pecadores, sobre quien recae la atención de la misericordia de Dios. El pecado transpira la génesis de la tragedia humana, cara a la cual surge la urgencia de la conversión. De lo profundo del desamor, la conversión es adhesión al amor de Dios. La llamada a la conversión es nuclear en el mensaje de Fátima y evoca el drama de la redención.

De cara a la visión del infierno, Jacinta pregunta: « ¿qué pecados son los que esa gente hace para ir al infierno?» Y la prima Lucía, en la inocencia de su infancia, intenta dar una respuesta: «No sé. Tal vez el pecado de no ir a Misa los Domingos, de robar, de decir palabras feas, rogar plagas, jurar.» La dimensión personal de la conversión es central en el mensaje de Fátima. Y, mientras, la llamada a la conversión hecha en Fátima no se agota en su dimensión personal: también es convocatoria al don de si por la conversión de los otros y por la conversión de los dinamismos de la historia, en la seguridad de que la comunidad de los creyentes, en el discipulado de Cristo, tiene un ministerio de la conversión. Después de la primera oración del Ángel, el drama del mal está presente: «Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.» Los sacrificios por la conversión de los pecadores serán expresión de la ofrenda sacrificial que los pastorcitos hacen de sí mismos en pro de los demás.

Eucaristía

Existe un palpitar eucarístico en el corazón del mensaje de Fátima. Si las primeras palabras del Ángel a los tres pastorcitos invitan a la adoración -Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo-, el Ángel conducirá a los niños a la contemplación del misterio de Dios -Santísima Trinidad, os adoro profundamente-, para después introducirlos a los sabores del misterio eucarístico- Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre. Es así evocado uno de los temas que caracterizan profundamente el mensaje de Fátima, la petición de una respuesta teologal a la iniciativa misericordiosa de Dios, el don de si en ofrenda eucarística.

El tema eucarístico está presente en el desafío hecho por la Señora de blanco: «¿Queréis ofreceros a Dios? ¿Queréis ofreceros por la humanidad?» Se hace así eco de aquella palabra inauguradora de Cristo: «É aquí el cáliz de la Nueva Alianza en mi sangre, que va a ser derramada por vosotros» (Lc 22,20). Las palabras de la Señora son una invitación renovada a vivir a partir de la lógica eucarística del don de si, inaugurada por el Nazareno. Y el «Sí, queremos ofrecernos» de los tres pequeños pastores de Fátima, como primicias del mensaje, es la firma previa de una vida llena de entrega humilde en las manos de Dios por los hombres. La reparación pedida en Fátima no es otra cosa que la participación del misterio eucarístico de Cristo, de su misión redentora.

Esta invitación a vivir eucarísticamente es también el amago de la petición de la comunión reparadora en los primeros sábados. Aquellos sabath serán señal de una reconducción de todo y todos al misterio de Dios, a través del don de si de cada mujer, de cada hombre. Serán evocación de la liberación prometida, que es el triunfo escatológico del Corazón de Dios.

Misericordia

La compasión se hace acontecimiento en Fátima. La epifanía que allí se da brota de la mirada compasiva de un Dios apenado con el drama de la historia de los hombres, con sus sufrimientos y desencuentros, como sus trincheras y egoísmos. Fátima irrumpe, al inicio del siglo XX, haciéndose eco del evangelio, de la buena noticia de la misericordia, palabra transformadora de la historia, testigo profético de una u otra forma de ser, revelación de la compasión de Dios por la Humanidad sufrida.

Ya el Ángel evocara este «corazón misericordioso que de las alturas nos visita como sol naciente» (Lc 1,78) al afirmar que «los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia». Al cerrar el acontecimiento-Fátima, están las dos palabras que ilustran la visión de Tui -Gracia y Misericordia- y que sirven de pórtico de entrada en el misterio trinitario de Dios, en el misterio de Dios-comunión-de-amor que viene al encuentro del drama sufrido de la historia de los hombres. En un mundo sediento de vida plena, pero opuesto a su nacimiento y con ganas de construir «cisternas para sí, cisternas rotas, que no pueden contener las aguas» (Jer 2,13), es la propia procedencia que viene al encuentro del que tiene sed. Porque el Reino de Dios se hace de la proximidad de un pastor que deja todo para buscar a la oveja perdida (Lc 15,3-7).

Peregrinación

Fátima se convirtió en lugar evocativo de la presencia de un Dios bello y misericordioso. La petición de la Señora del Rosario de que allí fuese construida una capilla evoca la construcción permanente de la Iglesia a través del encuentro con Dios. La peregrinación a Fátima es evocación de un camino interior al encuentro del Dios bello y bueno. Cada paso dado en dirección al Santuario es llamado a ser paso dado en la intimidad con el Jesús escondido, que tanto apasionó a los tres niños de Fátima, y que no dejará de cavar pozos de intimidad capaces de convertir la vida del peregrino. El camino exterior de la peregrinación a Fátima es invitación a un camino interior en la intimidad del peregrino, con la compañía de María, peregrina llena de gracia, que con coraje en la búsqueda de Dios -ella que guardaba preciosamente la vida de Jesús en su corazón (Lc 2,19)- y en el cuidado atento a los hermanos- ella, mujer atenta a las inquietudes de los otros (Jn 2,3). Porque peregrinar a Fátima es recorrer un camino de transformación: volver a ser niño (Mc 10,14-15), en la confianza en Dios, en la madurez inocente de la fe, al igual que los primeros testigos de la belleza de Dios en Fátima, Francisco y Jacinta, y su prima Lucía.

Reparación

Es insistente la petición de reparación en el acontecimiento de Fátima. El Ángel invita al sacrificio y a la oración «en acto de reparación por los pecados con que [Dios] es ofendido». También la Señora del Rosario desafía al don de si «en acto de reparación por los pecados con que Dios es ofendido». En junio, los tres niños ven en la «luz inmensa» que la Señora les comunica un corazón, que ellos creen que es el «Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de la humanidad, que quería reparación». La devoción de los primeros sábados será, en la aparición de julio, indicada como medio de reparación.

Los pastorcitos, y en particular Francisco, se dejan sorprender por esta tristeza de Dios, ese mismo Dios que los llena de alegría. Es la tristeza de quién ama infinitamente y ve a aquellos que él ama perdidos en el desamor. Aquel que se sabe amado incondicionalmente por Dios comprende el sufrimiento de Dios por todos cuantos pierden su abrazo con la marca del pecado. Y el deseo de consolar a Dios surge como vocación. Como expresa Francisco: «Dios está tan triste, por causa de tantos pecados». «Si yo fuese capaz de darle alegría». La reparación no es nada más ni nada menos que un acto de amor. Así lo vive Francisco, el consuelo de Dios: no como una imposición, si no como un acto libre de amor de quien quiere alegrar a aquel que ama y por quien se siente infinitamente amado.

Rosario

La Señora del Rosario no se cansará de pedir a los pastorcitos que «recen el rosario todos los días». La razón de la insistencia en esta oración apunta hacia el núcleo del mensaje de Fátima que es evocado precisamente en las cuentas de los misterios del Rosario: Fátima recuerda el rostro bíblico de un Dios con entrañas de misericordia (Jer 4,19) que viene al encuentro del hombre, sediento de rescatarlo para la alegría plena; así también la oración del Rosario nos centra en esa promesa definitiva del triunfo de la Misericordia que la vida de Cristo, evocada en los misterios del rosario, vino a inaugurar.

Pedido en todas las apariciones de Nuestra Señora -como ya los primeros interrogatorios a los videntes dejan percibir-, el rosario es la oración aprendida en la escuela de María. Nos educa en la humildad de la fe, al estilo de esa mujer única que, con su fiat, hizo de su vida don, y que conservará cada gesto, cada palabra de Jesús, «ponderándola en su corazón» (Lc 2,19). Meditar los misterios de la vida de Cristo, como lo hizo María, es dejarse amoldar por la presencia de Dios, tal como ella lo hizo. Abriendo con la doxología a la Santísima Trinidad -esto es, colocándonos en el horizonte de la adoración a Dios-, es la obra redentora de Cristo que se vuelve manifiesta en el Rosario.

Sacrificio

El sacrificio es, en el contexto del mensaje de Fátima, expresión del amor a Dios y al prójimo, como el evangelio, donde la expresión extrema del amor de Dios se traduce en el sacrificio de Cristo. Como reconoce la Hermana Lucía, «en el transcurrir de todo el Mensaje, comenzando por las apariciones del Ángel, encontramos una llamada a la oración y al sacrificio ofrecido a Dios por amor y por la conversión de los pecadores». El amor es la razón única del sacrificio. El mensaje de Fátima reconoce, con todo el realismo, que el sacrificio es una exigencia del amor, la cual el amante no puede robar.

Si, por un lado, el sacrificio es el proceso de aceptación en la verdad de todo lo que construyo en mi vida -y, por eso, el Ángel pedía a los pastorcitos que aceptasen sobre todo «el sufrimiento que el Señor os envía» –, por otro lado, es también participación en el misterio redentor de Cristo, en su misión de reunir a todos en el redil del Padre, no abandonando al otro en la soledad de su culpa- y, por eso, María desafía a los pastorcitos a que se sacrifiquen por la conversión de los pecadores.

Secreto

El llamado Secreto de Fátima se tiene como núcleo del mensaje de Fátima y se refiere a las visiones y palabras que los pastorcitos testimoniaron en la aparición de julio de 1917. Este secreto, guardado durante mucho tiempo por los pastorcitos y dado a conocer a lo largo del último siglo, es conocido por sus «tres partes»: las dos primeras, redactadas en 1941, que constaban de una visión del infierno y de la devoción al Inmaculado Corazón de María; y la tercera, redactada en 1944 y revelada en Fátima en el jubileo del año 2000, que consta de la visión de la ciudad en ruinas.

No será difícil entrever en el secreto el libro del siglo XX, lo que este siglo tiene de conflictivo y dramático. Eso no significa que el secreto deba ser reportado al pasado; se refleja en lo presente y se proyecta en el futuro. Se ofrece como luz para la interpretación de la historia humana, como señal de los tiempos, que apunta hacia el ciudadano paterno y materno de Dios por la humanidad.

El secreto confirma que la historia es un proceso en construcción y que la oración, la conversión y el don de si -la pro existencia- son protagonistas en la narrativa humana. En la evocación del Inmaculado Corazón de María- icono, por un lado, de la ternura de Dios y, por otro, del acogimiento de esa ternura por parte de aquellos que, como María, se consagran a Dios- se reconoce el amago de la existencia y de la teología cristiana: el «secreto» del don, que es la revelación del amor. A la luz de Dios, esto es, la revelación del Don es el marco en el que el Corazón de la Madre se ofrece como camino que conduce a la redención a la historia humana, sufrida con los infiernos del mundo, pero imbuida de una esperanza confiante. Así, en la primera parte del secreto, con la visión del infierno se recuerda la opción fundamental e histórica a la que el hombre es invitado; pero la visión no se completa si no con los ecos de esperanza del Corazón Inmaculado y de su devoción. En la segunda parte, en la petición de la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado se hacen eco las atrocidades de la historia humana del último siglo; pero se renueva la invitación a la confianza en la promesa del Corazón, en la palabra final de la ternura de Dios. Finalmente, en la tercera parte, la empinada montaña y la ciudad en ruinas serían el retrato de lo absurdo no por la presencia de la gran cruz, si no por la fuente de la sangre con que se lava la humanidad.

El eco de este secreto anunciado es un eco de confianza en el triunfo del Corazón. De esta confianza brota la invitación a la pro existencia, al don de sí que, transformado en programa de vida, será el secreto que se ofrece en Fátima.

Trinidad

La adoración, primera palabra de Fátima, apunta ya hacia el aspecto trinitario del mensaje. Con las oraciones del Ángel, todo el acontecimiento de Fátima queda enmarcado en el horizonte de un Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, un Dios que se define como Comunión de amor. Es, por otra parte, el amor con el que se define Dios y que está en el centro de todo el mensaje ofrecido en Fátima: el amor que perdona y que llama a la conversión, el amor hecho misericordia. En la conclusión del acontecimiento, en la visión de Tui, la Hermana Lucía entiende que se le muestra «el misterio de la Santísima Trinidad y [que recibe] luces sobre este misterio que no [le] es permitido revelar». La Trinidad como comunión-de-amor, como comunión-ofrecida-como-misericordia es, así, la palabra definitiva de Fátima. El secreto de Fátima apunta el misterio de un Dios-comunión al misterio del hombre envuelto por el drama de la soledad.

Oraciones de Fátima

Oraciones enseñadas por el Ángel

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan            y no te aman!

 

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todas las Sagrarios del mundo,       en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de      Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.

Oraciones enseñada por Nuestra Señora

¡Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados que tanto ofenden al Inmaculado Corazón de María!

¡Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas especialmente a las más necesitadas!

Oración comunicada a los pastorcitos en un impulso íntimo

¡Oh Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento!

 

 

 

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